Trabajar con Valentina Marulanda
10 October, 2012 — Cocina y Vino, Exceso, Valentina Marulanda
Retrato de Susana Soto Garrido.
Hoy, en Caracas, ha muerto una bella amiga. Ayer en la noche, por chat, Sasha Correa me dijo que Valentina estaba muy enferma, que estuviera pendiente de ella, que era grave. Esta tarde, Sasha me ha enviado un correo electrónico titulado: Valentina. Subiendo las escaleras mecánicas hacia Plaça Catalunya, rompí en llanto. Valentina Marulanda puede tener la edad de mi madre. Era tan elegante que con sólo verla me sentía obligada a meterme la camisa por dentro. La conocí cuando llegó a la redacción de la revista Exceso para encargarse de la edición de textos y coordinar la revista trimestral Cocina y Vino. Tenía su acento colombiano intacto, a pesar de haber vivido por 31 años en Venezuela. Yo era pasante, becaria. Y en los almuerzos, especulábamos sobre su relación con Ben Amí Fihman, nuestro amado y tirano editor, el jefe. Que si fueron noviecitos cuando Ben estuvo en Colombia, que cómo sería esa pareja, siendo ella tan dócil, tan dulce. Sea como fuese, había entre ellos una amistad entrañable que heredamos todos. Valentina era nerviosa: un manojo de ays y uys, en cada cierre. Culta, erudita. Melómana. Tenía un programa de radio sobre música clásica: leía y su voz era armoniosa. Cuando supe del disparo que recibió el cantante OneChot y finalmente até los cabos: que OneChot era hermano de Carla Tofano, esposa de Edmundo Bracho, yerno de Alfredo Chacón, pareja de Valentina; la llamé con el corazón en el puño. Estaban en la clínica y Juan David Chacón se recuperaba. Hablamos largo. Y colgamos. Trabajar con Valentina Marulanda es uno de los recuerdos más tiernos que tengo de mis tiempos en Exceso.
